"EL SACRIFICIO DE NOSOTROS LOS INMIGRANTES" Por:Anabel Alvarez

Mi marido me abandonó con mis dos pequeños hijos uno de 2 años y el otro de 45 días de nacido, para mi fue un golpe muy duro moral y económicamente, apenas y teníamos para comer, vivíamos en una pobreza muy grande, hasta que un primo que tenía, llegó de los Estados Unidos y al ver la miseria en la que vivíamos, me invitó a irme al “norte”, el me dijo que me ayudaba para el coyote y cuando trabajara se lo pagaría.
Con dolor en mi corazón y lagrimas le dije adiós a mis hijos y mis padres Pasé en la noche por el mar, casi con el agua hasta el cuello pero mis deseos de llegar eran más fuertes, que no me importó casi morir congelada. Cuando llegué a los Ángeles, empecé a trabajar en una fábrica de costura, la nostalgia que sentía por mis hijos era desesperante, pero luego pensaba que gracias al dinero que les enviaba ellos podían comer al igual que mis padres y eso me daba ánimos para seguir trabajando aquí.
Un día por la mañana, vi que mis compañeros empezaban a correr por todos lados y escuché que gritaban “la migra, la migra”, por un momento me quedé inmóvil, no supe que hacer, pero Dios me iluminó y me acordé del bote de basura de la fábrica, yo soy una señora bajita, pero me salieron fuerzas para impulsarme y brincar hacia el bote, regularmente hubiera necesitado una escalera, pues era alto y profundo, no pensé nada mas que en esconderme, pasó el tiempo y no escuché más gritos, entonces descubrí que no me podía mover, el polvo y los desechos de basura, ya no me dejaban respirar, entre más me movía porque estaba boca abajo, más me hundía, sólo rezaba:

 
 
¡Dios mío, si me salvaste de la migra, por favor sálvame de morir ahogada en el polvo y la basura!; fue entonces cuando alguien me jaló los pies, era el señor de mantenimiento, una persona de color, que vio cuando me “aventé” al bote y cuando se dio cuenta de que ya no había peligro por la migra, fue a sacarme, con mucho esfuerzo me jalaron entre él y el dueño de la fábrica. Mi pánico fue tan grande, que por las noches soñaba a la migra que venía por mí, entonces decidí regresarme a México. Hablé con mi patrón y le comenté, pero el me dijo que no me fuera, que el me ayudaría a arreglar mis papeles, pasó el tiempo y me tocó la fecha para ir a la oficina de Inmigración para recoger mi “green card” y ¿saben que? no quería ir, tenia pánico de que me deportaran; cuando llegué a las oficinas y mencionaron mi nombre, no contestaba, estaba aterrada, el miedo no me dejaba abrir la boca, el migrante tuvo que ir a donde estaba sentada y me preguntó: “¿Qué no eres tú María Jaimes? A penas y le pude contestar que “sí” y entonces ¿porque no vienes?, te estamos llamando, -yo le dije- “es que le tengo mucho miedo a la migra” y ¿porqué? Me preguntó él, “es que soy mojada”, el migrante me dijo: “no mujer, ya no eres mojada, ahora eres seca, ya tienes tus papeles” en ese momento me solté a llorar como nunca, el migrante me abrazó y me dio mi tarjeta”. Después de casi 15 años fue el día más feliz de mi vida, le arreglé los papales a mis dos hijos y me los traje para acá, mis papás fallecieron en mi pueblo, pero yo se que los dos están orgullosos y comprendieron los grandes sacrificios que uno tiene que hacer cuando viene a este gran país, pero que son compensados enormemente”.
Y recuerde por favor que “la Fe Mueve Montañas”.
   
  La determinación y los Sueños de un Inmigrante, jamás terminan   El Sr. Roberto F Gallegos junto a la señora María Jaimes.  
         
   
 
     
 
 
 
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